A medida que Despegar crecía y sumaba productos, comenzó a aparecer un problema silencioso pero constante: la experiencia no se sentía unificada en todos los flujos y plataformas.

Uno de los síntomas más claros estaba en los loaders.

Cada producto había resuelto ese momento de espera de manera distinta, sin un criterio común ni una intención clara detrás de la comunicación.

Lo que parecía un detalle técnico, en realidad estaba afectando algo más profundo: la forma en la que el producto se comunicaba con las personas.

El problema de fondo

Entendimos que la experiencia se construye desde el primer impacto visual y que, sin un control consciente de esos momentos, estábamos fallando como comunicadores.

El loader no era solo una animación mientras algo cargaba.

Era un punto de contacto directo con el usuario, un espacio para generar expectativa, empatía o incluso frustración.

La pregunta dejó de ser “qué loader usamos” y pasó a ser:

¿qué le estamos diciendo al usuario mientras espera?

Entender el contexto del usuario

Cada producto de Despegar responde a una necesidad distinta y a un estado mental diferente del usuario. No es lo mismo buscar un vuelo que reservar un hotel o contratar una actividad.

Decidimos entonces partir de esa premisa:

entender al usuario de cada producto para que, a través de la comunicación visual, podamos acompañar su recorrido y generar una experiencia más empática.

No se trataba de estandarizar por estandarizar, sino de encontrar una coherencia narrativa dentro de la diversidad del ecosistema.

Diseñar un sistema, no una animación